Retado por un excremento

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Debían ser las cuatro y media de ayer, y acababa de hacer mi deposición vespertina habitual. Tras eliminar con depurada técnica todo resto de frenazo utilizando exactamente cinco secciones del rollo de papel higiénico, me dispuse a tirar de la cadena del inodoro para hundir en los abismos al Sr. Truño.

Me lavé las manos, y cuando iba a salir por la puerta percibí un aura especial en el cuarto de baño, algo así como una presencia extracorpórea. Intuitivamente volví a levantar la tapa del váter y ahí estaba: Mister Pegote no nos había abandonado. Ahí comenzó un espeluznante duelo, que será recordado como la batalla más importante desde Verdún.

Mi enemigo, que escasos minutos antes se albergaba en mi vientre, había conseguido resistir la fuerza succionadora espiral del retrete, y se mantenía inamovible. Creyendo que sería fácil, volví a tirar de la cadena, y observé el proceso. El agua comenzó a circular, pero el extraordinario diámetro de Don Zorote le permitía hacer un tapón contra las paredes del WC y así no moverse. Empecé a sentirme atraído por la heroica resistencia de aquel detritus, y por unos momentos pensé que le amaba, me imaginé en una playa con el Sr. Truño, los dos tomando el sol sobre la arena. Sin embargo, deseché estas ideas y fui a por un cubo de agua para intentar ejercer una mayor fuerza sobre Sir Mojón, pero la caída en cascada de cinco litros de agua sobre su persona tan sólo consiguió una victoria parcial, enviando la mitad de su masa al fondo del alcantarillado.

Quedaba aún buena parte de Lord Pastel flotando sobre las aguas, y además yo intuía que esa parte era en la que alojaba su primitivo pero eficiente cerebro excrementicio. De hecho, capeó varias embestidas más de agua con ligeros movimientos de vaivén sobre el agua: me miraba con soberbia, pero no podía esperar que mi evidente superioridad mental (aproximadamente ha sido cifrada en un 6,2%) trazase un plan tan perfecto como el que que realicé.

En un alarde de ingenio, subí a la habitación de mi hermano, cogí varias de sus partituras del concierto opus 522 de Mendelsohn y las mezclé con papel higiénico para proporcionar más adherencia. A continuación, puse las partituras con mucho cuidado dentro del váter y sobre Doctor Mierda, que en un rango inaudible para los humanos emitió sonidos de desesperación (gñe, prfffl, plops, clonch). Solté el agua de la cisterna, y la capa de partituras y papel higiénico arrastraron con titánica fuerza a Johnny Olores hacia su final destino como componente de una pizza barbacoa de Telepizza.

Una vez más, el intelecto humano venció a nuestros enemigos los truños: pero volverán, y allí estará el cuarteto de cuerdas de Tchaikovski para derrotarlos.

8 comentarios:

  1. :/ Me he reído mucho.

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  2. Muy bueno broncano...eres la caña

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  3. Es cojonudo, pero verte a ti contarlo ya sería la ostia!

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  4. Coño!! yo solo de imaginarme al deivid contandolo se me parte la poia a trozos. PUTO AMO!!!

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  5. Como poder expresar la admiracion que siento por ti? Simplemente sin palabras joder...!!! Eres un capo!

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  6. ¿Pero por qué Mendelssohn? D: ¿POR QUÉ?

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  7. Quien te iba a decir a ti en 2005 que ibas a rebozarte en billetes presentando y contando estas mierdas por radio y televisión. Cabrón.

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