El cura de tu parroquia, ese gran sodomita

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He estado leyendo un artículo sobre un obispo norteamericano envuelto en un asunto de pederastia, que dejó su cargo por causa del escándalo pero que ahora se dedica a participar en conferencias. No sé qué tipo de conferencias son esas, supongo que alguna organizada por Dodotis o Nutribén. Sin duda este hombre sabe mucho de la infancia, él sí que conoce cómo son los niños por dentro.

Este caso, que es uno entre miles, me ha llevado a iniciar una bonita campaña: la he llamado "ACUSA A TU PÁRROCO". Como la Iglesia encubre a sus sacerdotes, se trata de acusar de pedofilia a cardenales, obispos y otros cargos eclesiásticos, eligiéndolos al azar. De esta forma compensamos la falta de información sobre abusos sexuales, y además nos divertimos mucho. Para empezar, dentro de poco voy a publicar un interesantísimo libro que he escrito, del cual os adelanto en exclusiva la portada:




Albaladejo, entre pueblo y hez

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He sido advertido de que mantener el blog sin actividad durante 60 días puede provocar la eliminación automática de su contenido. Rufianes.

Para evitar tan trágico suceso voy a escribir un poco acerca de lo primero que se me vaya ocurriendo. Empezaré con Albaladejo. Albaladejo es un pueblo manchego por el cual tengo la desgracia de pasar de vez en cuando. Se trata del pueblo más horrible que ha podido crear la raza humana en miles de años de evolución arquitectónica, es un cúmulo de despropósitos estéticos, ese pueblo mezcla dos cosas: el mal gusto con… no, en realidad no mezcla nada. Sólo mal gusto. Y asco.

Como no he podido encontrar imágenes del interior de Albaladejo, pondré dos que son significativas. Una de las entradas del pueblo, para que se vea que en efecto existe y no es una invención con el fin de atemorizar a los lectores:



Batalla épica en Madrid

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Hace poco, en una hermosa tarde primaveral, me hallaba de camino a casa tras realizar alguna actividad que no recuerdo pero que seguro fue divertida y provechosa. Todo en mi barrio era felicidad, los vecinos me saludaban al pasar como hacen siempre, las vecinas me invitaban a sus casas como hacen siempre, los niños que correteaban en el parque me sonreían mientras se columpiaban, y los pájaros volaban grácilmente cantando canciones de pájaros. Varios abuelos jugaban a un juego ligeramente estúpido que no reconocí, y las mujeres de los que no eran viudos celebraban las acciones de mérito. Incluso un drogadicto que estaba sentado en su banco de siempre se dirigió a mí en estos términos: "poquepasacolega mecagoenmivida tronnco", y yo obvié el hecho de que no soy su colega para devolverle un saludo cordial, a él y a su madre que estaba sentada también dándole pipas.

El ambiente era muy agradable por tanto, casi diría que bucólico, cuando aparecieron en escena los que a continuación serían mis rivales en una lucha sin cuartel. Una señora de aproximadamente 40 años y su mascota, un perro de tamaño mediano. No era uno de esos perros-rata o perrillo faldero, pero tampoco era un perro grande de los que salvan a esquiadores atrapados bajo aludes. Dadas las características mediocres tanto del perro como de la dueña, no les presté atención, hasta que el vil can comenzó a ladrarme.

Poco a poco avanzaban ambos hacia mi posición, el perro ladrándome y la dueña callada, pensando en dios sabe qué receta de guiso con legumbres. Yo supuse que ella detendría al perro, teniendo en cuenta que es su obligación legal llevarlo con correa, una norma flexible si el perro se comporta bien y no molesta a la gente. Pero éste no, éste era una bestia del averno que deseaba morderme la yugular para después devorar mis órganos internos y dejar los restos para el guiso de legumbres que ya he citado. Miré a la señora para darle a entender que su mascota me estaba molestando y que debía sujetarlo por el bien de la paz, sin embargo ella hizo caso omiso y dejó que el animal continuase con su agresivo acercamiento a mi persona.

Los guionistas se suman al jolgorio

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No pensaba escribir una continuación del artículo "Fotógrafos cachondos", pero me he visto obligado a ello después de ser espectador de unos sucesos cuanto menos intrigantes en el programa La Ruleta de la Suerte.

Mis amigos de Antena3 han decidido recuperar para su programación este concurso, que tiene ya muchos años y del que se han debido hacer versiones en 200 o 300 países, incluídos Rumanía y Togo. Supongo. Para el que no lo conozca, se trata de una puta mierda en la que tres anormales tratan de adivinar frases secretas mientras hacen girar una ruleta que les puede llevar a grandes premios tales como 50, 100 o 150 euros. Es cierto que no es mucho, pero es más de lo que ellos ganarían en un trabajo acorde a sus capacidades.

Fotógrafos cachondos

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Vengo observando una tendencia a publicar en la prensa escrita fotografías que se encuentran entre lo curioso y lo ridículo. Imágenes en las que un personaje sale retratado con un gesto gracioso, o en una situación impropia de su labor. En verdad no sé si es una tendencia o una simple casualidad durante esta semana, pero me da igual, no necesito muchas razones para criticar e insultar. Sobre todo para insultar.

Pasemos a la primera de ellas. Hace unos días estaba yo leyendo la prensa internacional como hago todas las mañanas mientras tomo té y escucho a Mahler; ya había terminado de subrayar el Frankfurter Algemeine, el New York Times, Le Monde, el Qué Me Dices, el Maxi Tunning y el Black Lesbian Teens. Así que me dispuse a echarle un vistazo a El País, esperando una portada solemne, alguna noticia de alcance, quizá una imagen del Parlamento Europeo o de alguna embajada nórdica con amables musulmanes alrededor poniendo calefacción gratis. Pero no. Me encontré con esto: